Fiambres: la fascinante vida de los cadáveres

La fascinante vida de los cadáveres y la otra vida después de la muerte según Mary Roach


No solo en las películas de zombies los cadáveres andan por ahí dando vueltas. Si no nos creen, pueden leer más y ya verán.

La fascinante vida de los cadáveres y la otra vida después de la muerte según Mary Roach

A la pregunta “¿existe vida después de la muerte”? hay muchas respuestas posibles y casi todas tienen que ver con el cúmulo de creencias culturales en las que nos desarrollamos. Pero lo que es un hecho, es que cuando morimos, nuestro cuerpo -nuestro cadáver, para ser exactos- es un pedazo de carne. No va a ningún lado, salvo en el caso de los zombies, que es bien sabido que van a buscar comerle el seso a la/el protagonista de la película o serie que estemos viendo y libro que estemos leyendo.
Sin embargo, parece que los cadáveres tienen una interesantísima vida post-mortem. Al menos, es lo que nos cuenta Mary Roach en su libro “Fiambres: la fascinante vida de los cadáveres”.
Esto no significa que los cadáveres anden por ahí haciendo fiestas o dando clases en universidades (aunque al juzgar por el ánimo de algunos profesores, es una perspectiva debatible) sino que, al menos en Estados Unidos, los cadáveres tienen un actividad que sería la envidia de más de un rockstar.

El problema de los cadáveres es que se parecen mucho a las personas. Esa es también la razón por la que cierta gente prefiere las costillas de cerdo al cochinillo asado y por la que solemos decir «criadillas» o «callos» (en España) en lugar de «testículos» y «estómago». La disección y la instrucción quirúrgica, como los platos de carne, necesitan de una buena ración de engaño y autosugestión”.

Con mucho humor (negro, de más está decirlo) pero fundamentalmente con una insaciable curiosidad, Roach nos lleva por estudios, prácticas, ciencia y mitos de los cuerpos humanos cuando el alma ha partido a su viaje al más allá. Porque al menos “más acá”, pasa de todo. Solamente imaginen el título del primer capítulo: “No hay cosa más triste que una cabeza desperdiciada”, un texto enteramente dedicado a la práctica con cabezas humanas por parte de los cirujanos.

Una cabeza humana tiene el volumen y el peso aproximado de un pollo para asar. Nunca se me había ocurrido esta comparación, posiblemente porque hasta hoy nunca había visto una cabeza en una fuente para el horno. Pero aquí la tengo, y no es una sino cuarenta, cuarenta cabezas boca arriba sobre una bandeja que se parece mucho a un cuenco de comida para perros. Las cabezas son para las prácticas de cirugía plástica y hay dos por cirujano. A los cirujanos plásticos no les hace ni pizca de gracia diseccionar cabezas de muerto, pero es evidente que agradecen la oportunidad de explorar y practicar en la cabeza de alguien que difícilmente va a despertarse y mirarse en el espejo después de la operación".

Esto lleva a Roach a contarnos sobre la increíble actividad cadavérica como objetos de estudio en las universidad de medicina y anatomía. Y no parece que mucha gente esté interesada en donar su cuerpo a la ciencia. El concepto atávico de que hay un “yo” al que le van a hacer algo aún hoy sigue dando vueltas. Pero, dice Roach, esto no es nada nuevo:

En el pasado, nadie donaba su cuerpo a la ciencia. La masa de los fieles creía en la resurrección literal de la carne y consideraba que la disección le arruinaba a uno la posibilidad de entrar en el reino de Dios. ¿Quién iba a abrirle las puertas del cielo a alguien al que le colgaban las entrañas, chorreaba sangre y estaba arruinando la alfombra? Desde el siglo XVI hasta la aprobación de la Ley de Anatomía en 1836, los únicos cadáveres legalmente disponibles para la disección en Gran Bretaña fueron los de los asesinos ajusticiados".

Lo interesante de este libro es que es una fuente inagotable de información para mentes curiosas (y es bien sabido que en Lectorati abundan los ingenieros y bibliotecarios curiosos). ¿Por qué la muerte nos causa rechazo? ¿Qué usos tienen los cuerpos?
Probablemente una de las partes que despertó muchísima curiosidad en Lectorati es la que habla del campo del FBI. Claro que uno ve en las series de CSI que siempre llega un científico que determina “la hora de la muerte entre X y X”. Y eso está muy bien, ¿pero cómo lo sabe? Muy fácil: el FBI tiene un campo donde deja descomponer cadáveres al aire libre y estudia, día por día, los procesos que van ocurriendo de forma tal que puedan decir -con algún grado de certeza- en qué fecha u hora es que el difunto se transformó, justamente, en difunto. Solo imagínenlo: un prado con cadáveres tirados por ahí, cada uno con un cartelito, contando el día en que fue “plantado”.
Mary Roach es capaz de hablar de estos y otros temas con cuidado, pasando desde la anatomía hasta la ciencia de los accidentes, el ejército, la definición de muerte (no se crean que es tan fácil), el canibalismo y la pregunta final: ¿donará la autora sus restos mortales?.
PS: Roach también escribió “Glup: aventuras en el canal alimentario”, “Entre piernas. La extraordinaria cópula entre ciencia y sexo” y “En busca del alma perdida: la ciencia ante el más allá”. Los tres son buenísimos también. Y ya que estamos, no se pierdan la charla TED de la autora sobra "10 cosas que no sabías sobre el sexo".