El prisma del lenguaje: cómo las palabras colorean el mundo

Tsundoku: la enfermedad japonesa que sabemos que tienes y cómo el lenguaje moldea la mente según Guy Deutscher


¿Compras más libros que los que puedes leer? ¿Acaso la mesita de tu cama está a punto de quebrarse? ¿El estante en tu biblioteca que reservas para los libros "para leer más adelante" está a punto de decir basta y quebrarse? No estás solo: tú y todos los lectores sufrimos del síndrome japonés del Tsundoku.

Tsundoku: la enfermedad japonesa que sabemos que tienes y cómo el lenguaje moldea la mente según Guy Deutscher

Probablemente no se haya dado cuenta dónde o como contrajo esta horrible enfermedad, pero el tsundoku es algo que afecta a todos los lectores. O al menos, a todos lo que formamos parte de Lectorati. El tsundoku se manifiesta con un solo síntoma, pero muy claro: la acumulación de libros más allá de las posibilidades físicas que tengamos para leerlos. Así es que cuando dejamos libros en la mesa de luz, en el baño, en la mesa de la sala y decimos que están para leer, imaginen que un ninja aparece de repente (estaba escondido tras el sofá) y grita: ¡¡Tsundoku!! y señala con gesto lento y mirada alocada los libros desperdigados por toda la casa.
Y el ninja tiene razón (solemos darle la razón a la gente que aparece escondida detrás de sofas).
Más allá de la broma, lo verdaderamente interesante es que el idioma japonés tiene una palabra para definir algo que no se puede definir (salvo con una explicación) en otro idioma. Y una de las cosas que le gustan mucho a los ingenieros y a los bibliotecarios de Lectorati son los idiomas extranjeros, las diferencias culturales que hacen que cada país sea como es y no otra cosa.
En su libro “El prisma del lenguaje”, Guy Deutscher analiza ésta y otras cuestiones sobre el habla. Existen muchos términos en otros idiomas que no existen en el español. Miren, sino, esta lista pequeña:
Waldeinsamkeit: palabra alemana que define la sensación de soledad pero simultáneamente de conexión con la naturaleza que nos produce estar solos en un bosque.
Iktsuarpok: palabra en inuit (esquimal) que define la sensación de anticipación que nos hace ir a la puerta una y otra vez cuando estamos esperando la llegada de algo o alguien (y en el caso de los esquimales, con lo incómodo que debe ser entrar y salir de un iglú, nos sorprende doblemente que tengan una palabra así).
Komorebi: otra palabra japonesa, que define el efecto que provoca la luz solar cuando juega entre las hojas de un árbol o planta (¿les contamos que adoramos la delicadeza a la que puede llegar esta gente?).
Mångata: palabra sueca para describir el reflejo de la luna en el mar cuando forma una especie de camino o sendero.
Pisan zapra: palabra malaya que se utiliza para determinar una medida de tiempo, exactamente el tiempo en que se tarda en comer una banana.
Poronkusema: palabra finlandesa que define la distancia que puede correr un reno antes de tener que descansar.
Claro que es fácil imaginar que éstas son culturas exóticas que hacen referencia a extrañas costumbres, pero traten de traducir la muy común palabra (en nuestro idioma), SOBREMESA y van a ver que no existe en ninguna otra lengua que no sea español.
Guy Deutscher trata de entender a lo largo de su libro cuál es el origen del lenguaje, somos nosotros lo que lo creamos o de alguna forma, es el lenguaje el que nos crea.

¿Es la lengua uno de los aspectos en los que la cultura se disfraza de naturaleza humana? ¿Es el lenguaje un producto de la cultura o un legado de la naturaleza? Si consideramos la lengua como un espejo de la mente, ¿qué vemos reflejado en ella, la naturaleza humana o las convenciones culturales de nuestra sociedad?”.

Esto nos lleva al famoso mito de los esquimales y las 30 formas diferentes de decir “nieve” (es falso, por cierto. Deutscher se encarga de desmentirlo en su libro). Entonces, si no es que el entorno determina el lenguaje, ¿es válido pensar que es la cultura quién lo hace y es solamente un reflejo de nuestra forma de pensar?

¿Podría ejercer la lengua algo más que una función pasiva como producto de diferencias culturales y ser un instrumento activo de coacción a través del cual la cultura impone sus convenciones en nuestra mente? ¿Generan las diferentes lenguas percepciones distintas en sus hablantes? ¿Es nuestra lengua un prisma que refracta la luz interior de la cultura o un prisma a través del cual observamos el mundo?".

En algunos idiomas, por ejemplo, los pronombres cambian. No solo existen yo, tú, él y nosotros, sino que también hay variaciones mucho más ricas como “nosotros y uno más” o “tu y yo más el resto”.

¿Puede haber algo más elemental que los pronombres? Por supuesto, nadie que sea consciente de la existencia de lenguas extranjeras pensaría que la naturaleza dicta las etiquetas de dichos conceptos, pero sería inimaginable que una lengua no los tuviese”.

En definitiva, les recomendamos -con ganas- que lean “El prisma del lenguaje”, de Guy Deutscher. Y si hablan inglés y les gusta el tema, existe otra libro del mismo autor llamado “The Unfolding of Language”.

Y luego, si gustan, nos pueden mandar mails con sus palabras favoritas que no tengan traducción al español. Los esperamos